
El mundo entero ya se vio sacudido hace un año por las hipotecas basura de Estados Unidos. Expertos compraban y vendían paquetes accionariales que no tenían nada dentro. Suerte para el que la tuvo y la vendió sin que el otro mirara dentro.
El caso es que las hipotecas de EEUU trastoca la economía mundial, y en España nuestro filón de oro, queda tocado de muerte: la construcción. ¿Acaso nadie sabía que los que apostaron por ello lo hicieron sabiendo que tenían que aprovechar la ocasión porque eso tendría su fin? Era un filón temporal. Una burbuja inmobiliaria que tarde o temprano iba a estallar. Y estalló.
A algunos les costó aceptar que España no era Alemania, había sido un espejismo, pero algunos se lo creyeron de verdad.
La crisis afectó a la construcción, y de ahí a los demás sectores, cierres de empresas, gente a la calle que había contribuido a generar opulentos beneficios para algunos.
Una década de nuevos ricos, neoliberalismo económico, curva económica ascendente (todos saben que lo que sube, baja, mas aún en la economía, que es un ente de vida propia) y en definitiva un estado con cero intervención en lo privado.
Así que después de que en España se utilizara el 60% del ladrillo de toda Europa durante años, hoy, los bancos, las empresas, nos dicen que es fundamental, que el Estado salga en ayuda del sector privado abonando generosos abonos económicos de miles de millones de euros, para que los bancos puedan salir adelante.
Con ese dinero, los directivos han saneado sus incentivos económicos, regularizado las costosas prejubilaciones de directivos (El directivo de BBVA, José Ignacio Goirigolzarri, de 55 años, dejará el cargo por jubilación anticipada, con una pensión respaldada por los 52,49 millones de euros). Pero de otorgar créditos, y préstamos hipotecarios, nada de nada. La sensación de la sociedad española es que aquellos que no compartieron sus millonarios beneficios, ahora quieren compartir sus pérdidas.
Y como siempre se ha dicho, “a río revuelto, ganancia de pescadores”, existen empresas con cuentas bien saneadas a pesar de todo, que aprovechan esta mar revuelta, para echar a la calle a personal “por que la cosa esta muy mala”. Cuando ponen a unos cuantos en la calle, sobrecargan de trabajo a los que se quedan, por lo que ahí nadie sobraba. Todos tenemos personas cercanas que han sufrido esta injusticia, e incluso en ocasiones, los más ineptos, los enchufados, son los que gozan de más privilegios.


